3 de Junio. Ni una mujer menos, ni una muerta más.

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“Está loco, yo pensé que había cambiado, pero siempre vuelve la violencia. No puedo más, necesito ayuda..”

La situación de pedido de ayuda desesperada se repite, penosamente, en forma de conversación telefónica, aunque cambie el mes del año, o cambie el nombre de la mujer que llame. Se repite, sin fronteras, penosamente; y después viene la visita a Lavalle 1250, la espera, la pelea posterior por los chicos, sacar las cosas (a veces somos amigos que ayudamos, otras veces hay que ir con la Policía), buscar dónde ir, el miedo, la duda…

El 3 de junio estuvimos en Congreso. Junto a miles de varones y mujeres que se movilizaron contra los femicidios recurrentes, los y las que peleamos por una sociedad más justa e igualitaria, en donde ya no existan las razones para la opresión, estuvimos ahí para decir #NiUnaMenos. La violencia contra las mujeres, fruto de una cultura patriarcal que nos modela para que los mismos de siempre puedan seguir sacando rédito económico, se va a acabar con una sociedad nueva, pero mientras la construimos, hace falta que este Estado se haga cargo.

¿Cómo terminamos siendo tantos en Congreso y en todo el país?

Primero, es claro que la sociedad está descomponiéndose al calor de la descomposición de un sistema que ya no tiene respuesta ni solución para la mayoría de los problemas. Por eso la violencia es moneda corriente. Naturalizamos una manera de tratarnos que no tiene tanto que ver con “lo humano”… Por supuesto que no es una violencia dirigida de manera absoluta y únicamente contra las mujeres, pero sí hace falta observar con atención, que de manera particular hay un 52% (porcentaje de mujeres) de esta sociedad que luego de ser encasilladas en un rol dual: “esclava sexual” y “ama de casa”, bajo una educación sexista que nos enseña sumisión y tolerancia, y nos enseña que si no somos lo que se nos impone ser, valemos poco; nos enseña, ya sea por acción u omisión, que es natural que nos maltraten. La tele ayuda a mostrarnos lo que debemos ser. Siempre son modelos inalcanzables de belleza que nos ubican la autoestima por debajo de los niveles básicos necesarios para preservarnos porque nos queremos. Así, cada 30 horas muere una mujer en el país (sin contar las que se suicidan hartas del maltrato psicológico, las que no denuncian acoso laboral o callejero, las que mueren sin ser asesinadas) “solo por el hecho de ser mujer”. Ni por putas, ni por traidoras, ni por provocativas ni por locas. Nos matan por ser mujeres. Todo el resto son las excusas que encuentran.

Probablemente el hartazgo social con los asesinatos de mujeres tuvo como “gota que rebalsó el vaso” al aberrante caso de Chiara Páez, embarazada de 14 años, y asesinada por su novio de 16, que la enterró en el fondo de la casa. Todos los días vemos noticias de mujeres apuñaladas, prendidas fuego, violadas, desechadas en bolsas de residuos. Son mujeres, son niñas, son cada vez más jóvenes. Un día empezamos a decir “Basta”, y de a poco se fue haciendo grande la convocatoria, y así fuimos miles.

Lo más grave, las más pobres no tienen dónde irse.

La realidad es que la cultura nos cruza a todos y a todas, y excede la clase social y el nivel de vida. Tengas o no tengas recursos, los mandatos sociales nos llevan a asumir como propios y naturales ciertos comportamientos opresivos o violentos. Quizás algunas tuvimos la suerte de tener acceso a ciertos conceptos y así pudimos identificar antes esas actitudes, pero la realidad es que a todas nos pasó alguna vez, encontrarnos en situaciones de cierta vulnerabilidad y violencia de algún tipo.

Pero las que no tienen recursos para irse del lugar en el que cohabitan con el violento, ¿cómo pueden salir de esa situación, y sobrevivir?

  • Primero, debería estar garantizado desde el Estado que tanto las publicidades como los programas televisivos NO colaboren con estos preconceptos machistas y patriarcales en donde las mujeres somos objetos, y como tales podemos ser desechados, maltratados, violados, asesinados.
  • Segundo, si no hay Educación Sexual Integral, NO SEXISTA, desde el Jardín de Infantes, la escuela seguirá siendo un eslabón en la cadena de formación de violentos y sumisas.
  • Tercero, el Estado debe invertir en campañas de concientización, como lo que hace el INADI con materiales gráficos, televisivos y radiales, en las rutas, en los diarios, en todos lados, para concientizar del problema de la violencia de género (pero no solo eso, sino el cambio necesario en la concepción sobre las mujeres)
  • Cuarto y fundamental: si no hay casas-refugio para que las mujeres puedan salir de inmediato del hogar del violento, si no hay trabajo digno para que puedan reinsertarse y subsidios temporales, si no hay equipos inter-disciplinarios con perspectiva de género para acompañar el proceso, es muy difícil que la denuncia en la OVD* sea efectiva y cumpla su objetivo.

Para todo esto es que hace falta presupuesto. La Ley vigente desde el 2009, la 26.485, correcta en sus afirmaciones y declamaciones, no cumple con lo fundamental: decir de dónde sale esa plata y reglamentar su aplicación. Deja la aplicación en manos de las provincias –  desfinanciadas por seguir vigentes leyes de coparticipación del menemismo – y eso es lo mismo que reírse en las caras de todos los que exigimos que se resuelva el problema.

Esta movilización de masas necesita ser el punto de inflexión para que el gobierno entienda que sin plata no hay salida para este problema en particular. Los y las que creemos en una sociedad más justa y solidaria para nuestros hijos y los que vienen, estuvimos ahí porque queremos que cambie todo, pero también porque queremos estas respuestas inmediatas que permitirían ponerle un freno a tanta violencia.

Maru Lopes

Comunera C10

MST Nueva Izquierda

Anotate a los talleres “Mujer, Violencia y Capitalismo”: marulopes.mst@gmail.com

 

 

 

 

 

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